Historia de los gemelos

De una manera o de otra, los gemelos han formado parte del vestuario de los hombres desde hace siglos. Aún cuando las camisas han sido, hasta hace poco, una prenda que no se solía exponer mucho a la vista de los demás, los gemelos o mancuernas siempre han sido tenidos en cuenta como una buena opción para dar un toque distinguido y elegante. Algunos historiadores señalan a la nobleza del antiguo Egipto como el principio de todo, pues en algunas pinturas, este accesorio es fácilmente apreciable. Sin tener en cuenta esta teoría, lo cierto es que las mancuernas llevan siendo utilizadas por la nobleza desde hace casi medio milenio, especialmente para citas importantes como bodas o coronaciones.

Una versión arcaica de los gemelos en Europa ya existía en el siglo XIII, cuando muchas prendas eran sujetadas con cuerdas o correas. Más tarde la creación de los botones provocaría que este accesorio quedara perdido en el olvido.

No es hasta el siglo XVII cuando podemos hablar de un modelo de gemelos bastante parecido al actual. El manguito de encaje decorativo del Renacimiento dio paso a unos modelos más prácticos. Estos manguitos renacentistas consistían en cintas que ataban los puños, una prenda exclusiva de los estamentos importantes. Llegados a este siglo, las cintas fueron cambiadas por una especie de botones enjoyados. Eran más simples que las cintas y visualmente resultaban interesantes y agradables a la vista. La popularidad de este tipo de gemelos creció a un ritmo muy alto a partir de su aparición.

En el siglo XVIII, las mancuernas se convirtieron en un objeto mucho más adornado, especialmente en la época del rey de Inglaterra Jorge VI (1738-1820). Un modelo que causó especial furor consistía en crear pinturas en miniatura en la parte inferior de una pieza de vidrio o cuarzo, que formaba parte del gemelo. Estos accesorios seguían siendo un capricho de las clases altas, pues su producción era todavía muy cara. Esto, como otras facetas de la sociedad europea, cambió rápidamente con la Revolución Industrial.

Con el inicio de este proceso, la producción en serie de gemelos de bajo coste permitió que acabaran convirtiéndose en un objeto más accesible, digamos, para clases medias o acomodadas. También permitió que la variedad de modelos aumentara de manera considerable. Las cadenas fueron sustituidas por barras y elementos de fijación que contaban con un cerraje más cómodo y fácil de manejar. A la vez que crecía la industria del gemelo, por tanto, también aumentó la de las camisas. Los fabricantes ampliaron su gama de camisas de vestir, que gozaron de un éxito instantáneo entre el público.

Al comienzo del reinado de la reina Victoria (1837-1901) y hacia el final de la Revolución Industrial, los gemelos ya eran una prenda asentada entre la clase media. El lujo de llevar gemas como accesorio seguía siendo algo disponible para unos pocos. Durante esta época las piedras y la pasta se utilizaban como diamantes falsos, y una aleación de cobre y zinc sustituía al oro. Este tipo de estrategias permitían que la clase media pudiera vestir de manera elegante, aunque fuera con materiales de menor calidad. Fue el principio de lo que hoy conocemos como bisutería.

Durante el siglo XIX llevar gemelos elegantes era una parte básica del atuendo de un empresario de clase media/alta. Ya no solo era una opción para eventos u ocasiones de especial importancia. Empezaron a cobrar un sentido más informal, tanto, que en este siglo empezaron a formar parte del vestuario del día a día.

El puño francés o de doble manga se convierte en un estándar de este siglo. Un icono de la moda de esa época, al que tuvieron acceso una gran cantidad de personas gracias a los avances tecnológicos. El estímulo histórico para el toque elegante de esta época lo puso la publicación de Alejandro Dumas, “Los tres Mosqueteros”. Dumas hacía una descripción detallada de las mangas de sus protagonistas, dando el empujón definitivo a esta moda de puños de camisa entre los caballeros.

En 1882, se produjo otro avance tecnológico que hizo más accesible la posesión de gemelos y mancuernas. George Krementz inventó una máquina que se basaba en los mismos cartuchos que se utilizaban en las máquinas de guerra de aquella época. Con esto lo que se conseguía era producir en masa botones y gemelos de una sola pieza y a un precio muy bajo. Cuanto mejores eran las formas de producción, más baratas y accesibles se volvían las mancuernas. Durante este periodo estaban especialmente de moda los gemelos esmaltados.

En los años del Art Deco, 1920/1930, los esmaltes seguían siendo populares, tanto o más que en las décadas previas. Los artesanos más cualificados habían perfeccionado el arte de usar esmaltes, tanto en calidad como en velocidad. Algunos de estos modelos esmaltados llegaron a ser tan codiciados, que se vendían en las subastas a unos precios muy altos.

Los fabricantes de principios del siglo XX crearon una gran variedad de dispositivos y diseños con el fin de que los gemelos fueran una prenda de mínima dificultad para abrochar y de máxima seguridad. En 1924, D. Boyer, de la empresa homónima, creó un sistema de fijación compuesto por un palo de inclinación y un doble vástago fijado a la base. Este modelo se convirtió en uno de los más utilizados durante todo el siglo.

Durante la década de los 50 lo que se llevaba era el enlace de estribo. Una barra curvada que abarca el manguito de un lado al otro. Más tarde salió al mercado el enlace T-bar, una pequeña barra curvada que culmina en el gemelo, dando lugar la forma de T que le da nombre. Todavía se venden en la actualidad, y siguen siendo una de las opciones más apreciadas por el público.

Llegaron los años setenta y las camisas con botones se convirtieron en la prenda básica de todo ciudadano, convirtiéndose en el sustituto perfecto de las camisas con gemelos. Afortunadamente, la alta costura de nombres famosos mantuvo la moda de llevar mancuernas entre las clases altas. En los últimos diez años del siglo XX se produce un notable regreso de los gemelos, convirtiéndose en un elemento de elegancia para todas las clases y edades. Marcas como Gucci se dedicaron a finales del siglo pasado a expandir su catálogo de gemelos, contribuyendo de nuevo a su popularización.

En nuestros días, la popularidad y auge de los gemelos es algo ya incuestionable se mire por donde se mire. Cualquier persona tiene la posibilidad de adquirirlos fácilmente, y ni siquiera son ya un complemento específico del genero masculino, ya que los usan tanto hombres como mujeres. La llegada de Internet ha contribuido a difundir su popularidad a nivel global. Si en algún momento fueron un complemento de uso exclusivo en Occidente, la Red los ha convertido en un fenómeno mundial.


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